martes, 30 de junio de 2026

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 EL PAIS

Salud y Bienestar

ASER GARCÍA RADA

22 de Junio de 2026


Un gran estudio relaciona algunos conservantes alimentarios con mayor riesgo de cáncer

La cohorte francesa NutriNet-Santé identifica asociaciones modestas entre la ingesta de estos aditivos y el riesgo de cáncer, lo que reabre el debate científico y regulatorio.

Un niño sirviéndose soda de una máquina expendedora. Witthaya Prasongsin (Getty Images)

Los conservantes alimentarios están presentes en una gran variedad de productos del supermercado, desde panes de molde y salsas hasta carnes procesadas, e incluso en muchos alimentos no ultraprocesados. Su función es prolongar su vida útil, pero persiste la preocupación por sus posibles efectos adversos cuando se consumen de forma habitual.

Ahora, una investigación epidemiológica publicada a principios de año en The BMJ analiza por primera vez la relación entre el consumo acumulado de un amplio abanico de conservantes y la incidencia de cáncer. Basándose en datos de unos 100.000 participantes de la cohorte francesa NutriNet-Santé, seguidos de media unos siete años y medio, el trabajo identifica asociaciones entre la ingesta de aditivos ampliamente utilizados —como el sorbato potásico, el metabisulfito potásico, el nitrito sódico, el nitrato potásico, el ácido acético o el eritorbato sódico— y una mayor incidencia de cáncer en general, así como de cáncer de mama y de próstata. No obstante, los autores recalcan que son necesarios estudios adicionales para confirmar estas asociaciones.

El aumento del riesgo observado es modesto, como subraya el editorial que acompaña al estudio, firmado por dos investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard. En términos absolutos, a los 60 años sería del 13,3% entre quienes consumen más conservantes frente al 12,1% entre quienes consumen menos, lo que equivaldría a unos 12 casos adicionales de cáncer por cada 1000 personas. Aunque parezca poco, el impacto global podría ser relevante, ya que casi toda la población consume estos aditivos con regularidad a lo largo de la vida.

Los editorialistas reconocen la solidez metodológica del trabajo, pero llaman a interpretar los resultados con cautela: al tratarse de un estudio observacional, no permite establecer relaciones causales. Aun así, consideran que los hallazgos son coherentes con datos experimentales previos y refuerzan las recomendaciones de priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados.

Para Clara Joaquín, coordinadora del área de nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y endocrinóloga del hospital Germans Trias i Pujol, que como el resto de expertos consultados no ha participado en la investigación, los resultados encajan con una tendencia preocupante. “Aunque en parte me lo esperaba, son sorprendentes”, señala a EL PAÍS. “Estamos viendo un aumento de los cánceres y a edades cada vez más jóvenes, y creo que una parte importante tiene que ver con la exposición crónica a lo que comemos”. Aun así, admite que “es complicado eliminar todos estos conservantes de la dieta”.

Diferencias entre conservantes antioxidantes y no antioxidantes

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores —de varias universidades francesas e instituciones como la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), el INSERM o el Institut Pasteur— analizaron la dieta de los participantes mediante registros repetidos de 24 horas que cruzaron con bases de datos sobre la composición de productos industriales y con análisis de laboratorio.

El estudio destaca por el tamaño de la cohorte y por ampliar el foco más allá de los aditivos más estudiados. “El eritorbato o los acetatos apenas se habían tenido en cuenta, y los sulfitos se han relacionado más con alergias que con cáncer”, apunta Joaquín. En total, evaluó 58 conservantes, agrupados bajo los conocidos códigos europeos “E-XXX”, entre ellos los sorbatos (E200-203), los sulfitos (E220-228) y los nitratos y nitritos (E249-252). Uno de los retos fue que muchos se consumen en alimentos que ya se vinculan con mayor riesgo de cáncer per se, como las carnes procesadas —caso de nitratos y nitritos— o las bebidas alcohólicas, como el vino —el de los sulfitos—, lo que dificulta aislar el efecto específico del aditivo del asociado al propio alimento o sus otros componentes.

Los investigadores engloban los conservantes en dos grandes grupos con niveles de riesgo diferentes. Por un lado, una mayor ingesta de conservantes no antioxidantes —los que impiden el crecimiento de microorganismos— se asocia con un aumento del riesgo de cáncer en general. En este grupo también observaron asociaciones con cáncer de mama y de próstata para algunas familias de aditivos —como sorbatos, sulfitos o acetatos— y para compuestos concretos como nitratos o nitritos.

Estos dos últimos pueden transformarse en el organismo en nitrosaminas, carcinógenas en animales y consideradas potencialmente carcinógenas en humanos, lo que llevó en 2023 a la Comisión Europea a reducir sus niveles permitidos.

En cambio, los conservantes antioxidantes —que evitan la oxidación, como los ascorbatos (vitamina C) o los tocoferoles (vitamina E)— no se asociaron con el cáncer en general. La excepción fue el eritorbato sódico (E316), empleado para mantener el color rosado en carnes procesadas como hamburguesas, salchichas o embutidos, y en algunas bebidas, que sí se asoció con mayor incidencia de cáncer.

Para Rocío Barragán, investigadora del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitat de València, el estudio merece atención científica y regulatoria, aunque insiste en la cautela. “No permite sacar conclusiones definitivas, pero tiene una población enorme y plantea que quizá haya que reevaluar el efecto tóxico de algunos conservantes”.

Barragán, que también es investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) y de la Universidad de Columbia, destaca además que el estudio aborda una cuestión poco explorada: el posible efecto combinado de múltiples aditivos en la dieta. “Normalmente los conservantes se evalúan de forma individual, pero no sabemos bien cuál puede ser el efecto combinado de muchos aditivos consumidos al mismo tiempo”, señala.

La experta apunta, no obstante, algunas debilidades metodológicas. “Cuando se analizan muchas variables a la vez, siempre existe la posibilidad de que algunas asociaciones resulten significativas por azar”. Aun así, valora positivamente que el estudio haya ajustado sus resultados por múltiples factores de confusión, como el estilo de vida o el patrón dietético. En todo caso, “los resultados refuerzan la recomendación de reducir los ultraprocesados y consumir alimentos más frescos. Patrones como la dieta mediterránea, basados en alimentos mínimamente procesados, siguen siendo los más saludables”.

“Hay que tener en cuenta que muchos de estos aditivos son imprescindibles en el sistema alimentario actual”, advierte por su parte José Juan Rodríguez Jerez, catedrático de Seguridad Alimentaria de la Universidad Autónoma de Barcelona. “El consumidor quiere alimentos con aspecto fresco, que duren varios días en el frigorífico y que sean seguros. Sin conservantes, en muchos casos eso no sería posible”.

En algunos casos, añade, los aditivos se utilizan precisamente para prevenir riesgos sanitarios más graves. “Por ejemplo, retirar completamente nitratos o nitritos de ciertos alimentos podría aumentar el riesgo de Clostridium botulinum, que produce botulismo y puede ser mortal”, afirma. “En seguridad alimentaria siempre hay un equilibrio entre distintos riesgos”.

Un toque de atención para un mundo con prisa

Así, el estudio alimenta el debate regulatorio. “Estos hallazgos aportan información útil para una futura reevaluación del perfil de seguridad de estos aditivos por parte de las agencias sanitarias, teniendo en cuenta el equilibrio entre los beneficios de la conservación de los alimentos y los posibles riesgos para la salud”, señalan los autores. En la misma línea, el editorial apunta que el uso generalizado de conservantes y las incertidumbres sobre sus efectos a largo plazo justifican “una revisión de las normativas actuales”, con límites más estrictos, un etiquetado más claro y una vigilancia más sistemática.

“El modelo de producción y consumo actual hace que muchos alimentos necesiten conservantes para alargar su vida útil y abaratar costes, ¿pero hasta qué punto eso resulta beneficioso o no para la salud?”, plantea Barragán. Para Joaquín, los resultados suponen “un toque de atención” en sociedades con poco tiempo para cocinar y una oferta alimentaria mayoritariamente envasada. A su juicio, “las instituciones sanitarias deberían valorar de forma individual cada conservante” y avanzar en su regulación, como ya se ha hecho con algunos disruptores endocrinos. “Habría que hacer estudios específicos con cada uno y regular en función de su perfil de riesgo”, afirma, aunque reconoce la complejidad del escenario: “No solo están en los ultraprocesados; muchos alimentos poco procesados también los contienen”.

Los investigadores consideran, por último, que sus resultados deberían incentivar a la industria a limitar el uso de conservantes y reforzar políticas públicas que faciliten el acceso a alimentos frescos, de temporada o mínimamente procesados. También recuerdan que “los médicos de atención primaria y los dietistas podrían desempeñar un papel clave a la hora de trasladar estas recomendaciones”.

Así lo hace Joaquín, que pide leer bien las etiquetas. “Cuantos menos ingredientes tenga un producto, mejor; si tiene más de cuatro, recomiendo no comprarlo”. Aconseja evitar no solo los ultraprocesados, sino también muchos alimentos procesados: “Es preferible que estén lo menos envasados posible”. La recomendación cobra especial relevancia ante el auge de los servicios de comida preparada y de tuppers a domicilio. “Pueden estar equilibrados en calorías o nutrientes, pero no sabemos qué conservantes utilizan. No es igual cocinar con tomate fresco que usar una salsa industrial con sulfitos, o unos garbanzos cocidos en casa que unos de conserva”.

Tema(s):  Cáncer;  Conservantes Alimentos ;  Factores de Riesgo.


Fuente: https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/7CBN5OLYMRDHVHI7PA3TSNY6YI.jpg?

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Actualidad.RT

14 de mayo de 2026

La mortalidad por hantavirus entre adolescentes alcanza el 50 %, revela nueva investigación

Entre 2009 y 2019, el síndrome cardiopulmonar fue la manifestación más común del hantavirus en Brasil, con una letalidad general del 33,3%.


Un estudio publicado en la Revista del Instituto de Medicina Tropical de São Paulo revela que la letalidad del hantavirus en Brasil alcanza su nivel más alto entre los adolescentes de 15 a 19 años.

 

Tras analizar 177 casos confirmados entre 2009 y 2019, la investigación determinó que la mortalidad en ese grupo etario llega al 50 %. La letalidad general en el periodo estudiado fue del 33,3 %. El síndrome cardiopulmonar fue la manifestación clínica predominante (58,7 %). Brasil es el país de América con "el mayor número de casos" de esta variante, y Santa Catarina el estado más afectado, según la investigación.

 

Los síntomas más frecuentes —fiebre, dolor de cabeza, náuseas y dificultad respiratoria— derivaron en un 89,7 % de hospitalizaciones. El riesgo de muerte se asoció principalmente a complicaciones respiratorias y al uso de ventilación mecánica. Paradójicamente, los pacientes que buscaron atención médica temprana registraron una letalidad mayor. Los autores del estudio lo atribuyen a la dificultad inicial para diferenciar el hantavirus de otras enfermedades virales y recomiendan mejorar la capacitación diagnóstica.

 

¿Qué es el hantavirus? Léalo en este artículo

Según la investigación, el pico de contagios ocurrió en 2013 y se asoció a la "floración sincronizada del bambú", un fenómeno natural que ocurre cada cinco a siete años y multiplica la población de roedores transmisores del virus. Estos brotes suelen concentrarse en zonas boscosas con alta actividad agrícola, como los cultivos de maíz.


Panorama actual

Entre el 1 de enero y el 27 de abril de 2026, el Ministerio de Salud de Brasil ha registrado  siete casos y un fallecido. Según cifras oficiales, la enfermedad afecta hoy sobre todo a trabajadores agrícolas varones de entre 20 y 39 años, y mantiene una letalidad promedio del 46,5 %.

Esta alta mortalidad obedece a la severa respuesta inflamatoria que provoca el virus, lo que exige un diagnóstico y hospitalización urgentes. La atención se ve obstaculizada a menudo por el precario acceso sanitario en las zonas rurales. Entre 1993 y 2025, Brasil acumuló 2.429 casos confirmados y 997 muertes por esta enfermedad.

Los mitos más preocupantes acerca de hantavirus: ¿son verdad?


Panorama actual

Entre el 1 de enero y el 27 de abril de 2026, el Ministerio de Salud de Brasil ha registrado siete casos y un fallecido. Según cifras oficiales, la enfermedad afecta hoy sobre todo a trabajadores agrícolas varones de entre 20 y 39 años, y mantiene una letalidad promedio del 46,5 %.

 

Esta alta mortalidad obedece a la severa respuesta inflamatoria que provoca el virus, lo que exige un diagnóstico y hospitalización urgentes. La atención se ve obstaculizada a menudo por el precario acceso sanitario en las zonas rurales. Entre 1993 y 2025, Brasil acumuló 2.429 casos confirmados y 997 muertes por esta enfermedad.


Tema(s): Hantavirus;  Mortalidad ;  Investigación en salud.

Fuente: https:// com/actualidad/604881-mortalidad-hantavirus-adolescentes-brasil




Investigación evidencia fallas en Meta, ChatGPT y Grok sobre temas de salud

15 de mayo de 2026


El estudio analizó la precisión de chatbots como ChatGPT y Gemini en temas de salud, encontrando que Grok generó más respuestas problemáticas, especialmente en preguntas abiertas. El 50 % de las respuestas médicas de los chats de IA son imprecisas o peligrosas.


Un estudio que analiza cinco de los modelos más populares, incluidos Gemini y ChatGPT, advierte de que la mitad de la información proporcionada sobre salud es problemática y carece de rigor científico, lo que pone en riesgo la seguridad de los pacientes.

 

La rápida adopción de los chats de inteligencia artificial generativa ha transformado la manera en que la sociedad accede a la información. Muchos usuarios los utilizan hoy como sustitutos de los motores de búsqueda tradicionales para consultas médicas cotidianas. Sin embargo, una investigación internacional publicada este martes en la revista BMJ Open revela que confiar en estas herramientas para obtener consejos de salud puede ser una apuesta arriesgada.

 

El estudio, liderado por investigadores del Instituto Lundquist para la Innovación Biomédica (EE UU), evaluó el desempeño de cinco de los modelos más utilizados en la actualidad: Gemini (Google), DeepSeek, Meta AI, ChatGPT (OpenAI) y Grok (xAI). Los resultados son preocupantes: la mitad de las respuestas a preguntas basadas en evidencia científica se clasificaron como “algo” o “altamente” problemáticas.


Para poner a prueba la fiabilidad de estos sistemas, los científicos diseñaron un protocolo de 250 consultas divididas en cinco categorías críticas: cáncer, vacunas, células madre, nutrición y rendimiento deportivo. Las preguntas fueron formuladas para imitar las búsquedas comunes de los usuarios y, en algunos casos, para ‘estresar’ a los modelos hacia mitos comunes o consejos contraindicados.

 

El análisis determinó que el 20 % de las respuestas eran altamente problemáticas, con el potencial de dirigir a los usuarios hacia tratamientos ineficaces o causar daños directos a la salud si se seguían sin supervisión profesional.

El espejismo de la neutralidad y el conocimiento

Uno de los aspectos más alarmantes que destaca la investigación es la seguridad con la que las IA presentan la información. Las respuestas se expresan habitualmente con un tono de certeza absoluta, sin incluir apenas advertencias o matices sobre las limitaciones de su conocimiento. Esta falsa neutralidad, que a menudo equipara afirmaciones científicas con pseudociencias, no es una decisión editorial, sino una limitación propia de la arquitectura de estos modelos.

Mucha gente tiende a pensar que los chatbots son IA omniscientes con un pozo profundo de conocimiento. Pero no poseen conocimiento en el sentido humano; no ‘saben’ cosasNichollas Tiller, Lundquist Institute (UCLA)

 

“Mucha gente tiende a pensar que los chatbots son IA omniscientes con un pozo profundo de conocimiento. Pero no poseen conocimiento en el sentido humano; no ‘saben’ cosas”, explica a SINC Nicholas Tiller, investigador principal del estudio. Según el experto, al estar diseñados para predecir secuencias de palabras basadas en vastos conjuntos de datos —que incluyen desde artículos científicos hasta foros de Reddit—, los modelos carecen de la capacidad intrínseca para verificar la información. “No pueden aplicar evidencia ni ponderar qué fuentes son precisas y cuáles no. Por eso ese falso equilibrio es tan común”, añade Tiller.

 

El riesgo de la ‘falsa credibilidad’ académica


El estudio revela que Grok, de la compañía xAI, obtuvo los peores resultados: el 58 % de sus respuestas fueron clasificadas como altamente problemáticas. Por el contrario, Gemini presentó el menor número de fallos críticos. Sin embargo, todos los modelos fallaron en un punto clave: la accesibilidad. Según el índice de legibilidad de Flesch, la complejidad del lenguaje utilizado es equivalente a la de un graduado universitario, algo que, lejos de ser una virtud, supone un peligro para la salud pública.

 

Grok, de la compañía xAI, obtuvo los peores resultados: el 58 % de sus respuestas fueron clasificadas como altamente problemáticas

 

 

“Las respuestas excesivamente técnicas pueden socavar la comprensión en el público general y comprometer la toma de decisiones”, advierte Tiller. El investigador señala un fenómeno psicológico preocupante: las respuestas más largas y complejas tienden a aumentar la confianza del usuario en la máquina, incluso cuando esa complejidad no aporta mayor precisión. “Básicamente, esto promueve una falsa credibilidad”, sentencia el autor.


Alucinaciones y citas inventadas


Otro punto crítico identificado por los investigadores es la incapacidad de los chatbots para citar fuentes de manera fiable. La calidad de las referencias fue calificada como pobre, con una puntuación media de integridad de apenas el 40 %. El fenómeno de las ‘alucinaciones’ provocó que ningún chatbot lograra proporcionar una lista de referencias bibliográficas completamente real; en muchos casos, los modelos inventaron títulos de estudios y nombres de autores con total apariencia de veracidad.

 

Ningún chatbot logró proporcionar una lista de referencias bibliográficas completamente real

 

 “A medida que el uso de estos chatbots se expande, nuestros datos resaltan la necesidad de una educación pública, formación profesional y una supervisión regulatoria estricta”, concluye el equipo de investigadores. Sin estos mecanismos, el despliegue masivo de la IA generativa en el ámbito de la salud corre el riesgo de erosionar la confianza en la ciencia y de amplificar la desinformación en lugar de ayudar a combatirla.


Tema(s):  Inteligencia Artificial ; Salud ; investigación.


Referencia:

 

Nicholas Tiller et al, “Generative artificial intelligence-driven chatbots and medical misinformation: an accuracy, referencing and readability audit”, BMJ Open 2026.


Fuente: https://www.agenciasinc.es/Noticias/El-50-de-las-respuestas-medicas-de-los-chats-de-IA-son-imprecisas-o-peligrosas

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